Los microplásticos son pequeñas partículas de plástico, generalmente de menos de 5 milímetros de tamaño, que se encuentran en el medio ambiente. Pueden originarse de varias fuentes, como la degradación de productos plásticos más grandes como bolsas, botellas y ropa sintética, o ser fabricados directamente de ese tamaño para su uso en productos como cosméticos, detergentes y productos de limpieza.
Ya en el medio ambiente los plásticos se fragmentan continuamente, triturándose con el tiempo en partículas tan pequeñas que se vuelven aerotransportables.
Los microplásticos son una preocupación ambiental porque se acumulan en los océanos, ríos y ecosistemas terrestres, afectando a la vida marina y, potencialmente, a la salud humana cuando se ingieren accidentalmente.
Muchos organismos marinos, desde plancton hasta peces y aves, confunden los microplásticos con alimento. Esto puede causar problemas digestivos, desnutrición y, en última instancia, la muerte. A su vez, afecta la cadena alimentaria, lo que puede alterar los ecosistemas acuáticos.
Además de que los microplásticos pueden bioacumularse en los organismos a lo largo de la cadena trófica. Los peces que consumen microplásticos pueden ser ingeridos por depredadores más grandes, incluidos los humanos, lo que significa que las personas también pueden estar ingiriendo estas partículas a través de los alimentos.
Los plásticos contienen aditivos como ftalatos, BPA y retardantes de llama, que son potencialmente dañinos. Otro factor importante es que los microplásticos pueden absorber contaminantes tóxicos del entorno marino, como metales pesados o productos químicos orgánicos persistentes (POP). Y cuando los organismos ingieren microplásticos, pueden estar absorbiendo estos químicos peligrosos.
Los microplásticos no se degradan fácilmente y pueden permanecer en el medio ambiente durante cientos o miles de años. Esto significa que una vez que ingresan al ecosistema, es extremadamente difícil eliminarlos.
Posibles riesgos para la salud humana
Los Microplásticos se han encontrado en peces, moluscos, aves, tortugas, en la sal, el agua de grifo y embotellada, polvo ambiental, el intestino y pulmones de animales y humanos y hasta en la miel.
Lo preocupantes es que los plásticos de tamaño nanométrico son capaces de atravesar las membranas celulares. Y dentro de las células podrían causar alteraciones en el metabolismo energético, cambios en la fisiología hepática y el sistema endocrino.
Aunque la investigación está en curso, existe la inquietud de que los microplásticos, al ser ingeridos por humanos a través del agua o los alimentos, puedan tener efectos en la salud, como inflamación, toxicidad química o estrés celular, aunque aún se están investigando los impactos exactos.
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