En la Edad Media las calles estaban llenas de basura, excrementos y desechos, así que alguien tuvo la brillante idea de elevar el calzado para no ensuciarse. Y así nacieron los tacones.
La ciudad era un desastre
Las ciudades europeas medievales y renacentistas no tenían alcantarillado moderno ni recolección de basura. Los desperdicios, el barro y los desechos humanos y animales terminaban en la calle, y caminar en días de lluvia era muy poco higiénico.
Por eso existían los pattens (zuecos de madera que se ataban sobre el zapato) y, más tarde, los chopines venecianos: plataformas altísimas, a veces de decenas de centímetros, que elevaban a quien las usaba sobre el lodo. Así que sí, hubo calzado elevado para esquivar la suciedad.
Pero ojo: los pattens y chopines son plataformas, no tacones. Son primos lejanos, no el origen directo.
El verdadero origen: la caballería persa
La historia del tacón propiamente dicho empieza en el mundo de la equitación. Los jinetes persas, hacia el siglo X, usaban calzado con talón elevado que ayudaba a mantener el pie firme en el estribo mientras disparaban el arco al galope. Era una herramienta de guerra, no un accesorio de moda.
A finales del siglo XVI, con las misiones diplomáticas persas que viajaron a Europa, la aristocracia europea quedó fascinada por esa estética exótica y marcial. El tacón cruzó el continente convertido en símbolo de estatus.
Los hombres primero: Luis XIV y los tacones rojos
Durante casi todo el siglo XVII y buena parte del XVIII, los tacones fueron cosa de hombres. Luis XIV de Francia los adoraba (medía poco más de 1.60 m) y llegó a usar tacones rojos, un color que en la práctica se reservó a la nobleza de su corte.
Tener tacones era una declaración: yo no trabajo, no camino por el barro, no necesito correr. Ahí sí aparece un eco de la idea de "no ensuciarse los pies", pero como símbolo de clase, no como solución práctica.
Del poder masculino a la moda femenina
Tras la Revolución Francesa, la ostentación aristocrática cayó en desgracia y los hombres abandonaron los tacones. Las mujeres los adoptaron y, con el tiempo, se convirtieron en sinónimo de elegancia femenina. En los años 50 llegó el tacón de aguja, posible gracias a nuevas técnicas de construcción con soporte metálico, y con él la imagen que hoy asociamos a los tacones.




Comentarios
Publicar un comentario